Parecía increíble. Dos días antes, en la fila VIP ya había
unas treinta personas. Llegamos bajo el ardiente sol matutino del sábado a la
mañana. No tardamos mucho en sociabilizar, ya que todos estábamos ahí por el
mismo propósito.
Charlamos con un chico durante dos horas, hasta que no
aguantamos más el calor. Decidimos pasar a una especie de plaza que estaba
ubicada en frente. Dejamos nuestras cosas en la carpa de una conocida y solo
nos llevamos una manta para acostarnos.
Se hicieron las 4 de la tarde y faltaba cada vez
menos. Comenzamos a observar que estaban colocando las vallas, que según
sabíamos, no iban a ponerlas hasta el domingo al mediodía. Tuvimos que volver.
Las vallas nos estaban sacando poco más de medio día. Tomamos nuestras mochilas
y nos fuimos, pero sabíamos que los chicos en la fila, nos guardarían el lugar.
Caminamos hasta la calle 23 y la 32, nos tomamos un taxi y corrimos hacia la
estación. Un rato más tarde ya estábamos listas.
Una amiga que iba a ir nos pasó a buscar y nos tomamos
el 85 hasta la estación de tren, y luego el tren hasta la terminal para
tomarnos un taxi en la 32. Se hicieron las doce de la noche cuando llegamos.
Nos bajamos del taxi y la de seguridad nos preguntó para qué fila estábamos. Le
contestamos y nos dijo que era a una cuadra para el otro lado. Habíamos hecho
la fila equivocada. Fuimos con ansias de que no hubiera nadie, y así fue-casi- había
unas veinte personas. Nos acomodamos en el piso, y comenzó a hacer frío. Fue en
ese momento en el que me di cuenta que había perdido la campera -seguramente en
el intento de ganarle al tiempo-.
Dormimos "cucharita" para taparnos unas a
las otras del frío. Me levanté alrededor de las 5 de la mañana. Miré la fila y
empezaban a llegar más personas, me prendí un cigarrillo, tomé una cerveza y me
dormí otra vez.
Ya estaba, ya estaba. Era domingo al medio día.
Faltaban horas para que abrieran las puertas. Ya habíamos conocido un montón de
gente de la "nueva fila", comimos todos juntos y esperamos todos
juntos a que abrieran la maldita puerta, ya que un rato antes, se había
escuchado la prueba de sonido. No dábamos más.
Exactamente a las tres y media de la tarde nos hicieron
pararnos, estábamos todos excitados. Nos pidieron que hiciéramos filas de tres
personas, lo hicimos pero comenzaron los disturbios por la gente que se había
colado. Seguridad hizo su trabajo y volvió todo a la normalidad. A las cuatro y
media nos piden que hagamos filas de chicos y chicas. Faltaba tan solo media
hora para que entremos. Y así fue. A las cinco de la tarde comenzamos a entrar.
Corrimos! y corrimos demasiado para estar contra la valla. Ya estábamos ahí,
ninguno lo podía creer.
Quince minutos más tarde, una de las chicas de desmaya
por la falta de aire. Acudieron los de seguridad y la sacaron. A los cinco
minutos volvió, y nos devolvió la respiración a nosotras que estábamos
preocupadas por ella.
El clima era imposible. No se podía respirar por la
cantidad de gente que empujaba. Nos fuimos atrás a sentarnos y a jugar al
truco.
Alrededor de las siete de la tarde comenzaron los Teen
y luego, con el final de Howie D, las luces se apagaron. Iba a entrar, la gente
gritaba, no se entendía nada. Pero luego en las pantallas, aparece una cuenta
regresiva. Media hora más había que esperar. No lo podíamos creer. Esos números
nos ponían histéricos a todos. Nos sentamos y esperamos a que faltaran diez
minutos.
La expectativa era alta, era la primera vez que venía
y ya habíamos visto sus shows en el resto de Sudamérica.
Faltaban quince segundos, la cuenta bajaba y todo el
estadio la acompañaba.
La cuenta llegó a cero y no podía creerlo, se me
llenaban los ojos de lágrimas y las chicas nos paraban de gritar. Luego del
opening salió ella. Ahí estaba ella y ahí estábamos nosotras. Salió de abajo
del escenario cantando Hold it against me.
No se la veía como en los viejos tiempos. No bailaba
como antes, se le corría el micrófono cuando hacía playback pero a nadie le
importaba. En cada equivocación la gente gritaba y la bancaba igual. El clima
ahora era hermoso.
Luego de presentar el disco y de tocar unos clásicos y
de tocar una balda- la que por cierto fue la única en toda la noche-, llegó el
tema más esperado: Til the world ends. Parecía que nosotros estábamos dentro del
video. El clima apocalíptico anunciado durante la semana se estaba formando. El
cielo se tornaba gris y negro y todo el estadio seguía saltando y gritando. Fue
en el único momento de la noche en el que Britney se olvidó de las
coreografías, y comenzó a saltar con los bailarines al ritmo de la música. Fue
el único momento en el que se dejó llevar. No importaba nada, porque íbamos a
bailar hasta que el mundo se acabe.