Quienes??

Somos un blog cultural y politico. En base a la rebeldia, inconformidad, critica, diversidad cultural etc. iremos desarrollando temas con el fin de polemizar, informar o simplemente dar otra perspectiva acerca de nuestra realidad.
"Correo rojo" fuè seleccionado por ser el nombre que le daba Lenin a sus periodicos semanales, los cuales a pesar de ser ilegales llegaban a las masas y exaltaban las contradicciones del estado burgues, mediante la agitacion, propaganda, disciplina y organizacion.
Para nosotros simboliza un medio de expresion escencial para replantearnos los conflictos dados en el desarrollo social, lejos de los reformismos y las utopias.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La novia de la libertad

Con una sutileza que asombra y un trabajo tan minucioso que da admiración, aquella mujer tan masculina, que hacia dudar de la arbitraria división en géneros de la humanidad, se gano el cariño de todos los trabajadores de la empresa. Estos, sin embargo, no podían todavía creer que la única compañera que tenían había superado a todo los hombres. Los trabajos de los demás eran insignificantes comparados con la excelente labor de Anabela.
 Esta joven estudiante de diseño grafico nacida en la provincia de la Pampa, hija de trabajadores rurales, era sorprendente. Su belleza excéntrica y su astucia la hacían resaltar. Se caracterizaba por estar lejos del modelo femenino de mujer, de la dama o de la chica de ciudad de clase media; era humilde y orgullosa a la vez, pues en la calidad y esmero que ponía en su trabajo mostraba su soberbia y sed de gloría. Se puede decir que era una mascara la humildad que expresaba, ante sus compañeros, detrás de la que se escondía una joven orgullosa de su talento y su prometedor futuro.

  Los hombres la seguían, en parte por su atractivo único y en parte por que era la única mujer de un grupo de 40 hombres. Todos la saludaban, hasta los homosexuales parecían enamorados de ella.  Su encanto estaba en su diferencia.

  Era nueva en el trabajo, no se sabe como llego a entrar ahí. Todos sabían que los que dirigían la empresa eran machistas, nunca contrataron mujeres, ni siquiera para limpiar o cocinar. Los rumores eran diversos y disparatados; son cosas de oficinas…

  Lo más probable es que allá sido elegido por su gran capacidad, ya que la eficiencia, en los negocios, vale más que los prejuicios sexistas. Esta diseñadora, en realidad estudiante de tercer año de la UBA, era la clave de la remontada de la empresa.

 Pocos sabían que esta joven estaba militando en la facultad. Pertenecía a una agrupación de izquierda “independiente”. Enfocaba su militancia en la cuestión de género. Estaba lejos del clasismo y de las viejas luchas de la vieja izquierda. Esto no le interesaba. Ella anhelaba una sociedad que deje de ser tolerante hacia la diversidad sexual, para convertirse en una sociedad que la acepte y fomente.  Consideraba, en su mundo interno, que la bisexualidad es natural. Por lo tanto todo lo que atente contra esto es antinatural. Esta fuerte convicción provenía  de sus experiencias de vida; siempre se entrego a la experimentación con hombres y mujeres o con ambos a la vez. Sabía muy bien que los genitales no determinaban la sexualidad ni el objeto de deseo.

 Su estilo de vida era la de una libertaria pequeño burguesa. Adhería al amor libre, le parecían entupidas las mujeres con parejas largas y estables. Cada vez que escuchaba a sus compañeras de la facultad hablar de sus noviazgos se le generaba espontáneamente una repulsión hacia ellas. No obstante deseaba a  una compañera y lamentaba la heterosexualidad rígida de esta.

  Siempre se preguntaba ¿Cómo son capaces de cerrar las puertas así? Los compromisos amorosos impiden multiplicidad de experiencias agradables y divertidas. ¿Cómo pueden ser tan avaras con lo placeres? ¿No se cansan de acostarse más de diez veces con una misma persona?

 Ella era una amante de la libertad, no toleraba las limitaciones auto impuestas a la libertad. La autonomía, consideraba, es lo más valioso que tenemos, como podemos decidir entregarlo voluntariamente. Sentía compasión sincera por todas las personas que estaban enamoradas. Le daba lastima la gente que estaba presa de la ilusión del “amor eterno”. Aunque, por otro lado, sabia que los que se enamoran lo que pretenden es escapar de la incertidumbre por cobardía. Ya que se requiere coraje para ejercer la libertad

  Estaba feliz siendo esclava de la libertad, le gustaba insinuarse pero nunca era directa. Su mirada provocadora  estremecía, excitaba y generaba incertidumbre. No podía ser normal. Su mayor virtud era seducir con lo misterioso, su cuerpo era un enigma ¿Qué hay debajo de  esas raras prendas de vestir? se preguntaban los seres que la contemplaban con intenciones ocultas. No parecía un cuerpo hermoso, aunque si atractivo.

 Anabela  no  quería y quería llamar la atención;  era contradictoria, como todas las personas interesantes. Ella no quería ser como las mujeres “sexis” que atrapan a la mayoría de los hombres con su exuberante belleza, pero si aspiraba a ganarse la  atención de todos los hombres y mujeres que “valen la pena”, es decir de todos aquellos que no  son mediocres. Por lo tanto, aspiraba  a ganarse a menos del 10% de la humanidad. Sabia, sin embargo, que la mediocridad era un producto social, y  que los entupidos y entupidas muchas veces no eran  responsables de ser así. Esto igual no impedía ese asco y desprecio espontáneo que sentía hacia  la gente vulgar, No obstante, estaba muy lejos de ser una aristócrata, le encantaba hacer trabajo  barrial. En realidad odiaba a los mediocres de  su “clase social”. Ya que… “las personas de clase media que van a colegios privados subsidiados por el  Estado son los peores”, esto es lo que dijo una noche cuando el  alcohol contribuyo a  la exteriorización de sus sentimientos mas íntimos. Era interesante oírla hablar cuando tomaba alcohol: manifestaba sus prejuicios y convicciones sin tapujos.

 Volviendo a su trabajo barrial, era una apasionada militante. Le encantaba enseñar a dibujar a los niños pobres, ayudarlos a desarrollar sus capacidades creativas, desocultar lo talentos escondido por la opresión. Se indignaba al darse cuenta que la pobreza condiciona el desarrollo de la vida de seres humanos similares a ella. No le agradaba sentirse una privilegiada. Todos lo sábados a la tarde iba al  barrio de zona oeste a colaborar con sus compañeros. No la entusiasmaba la militancia en la universidad, pero si la barrial. Consideraba, con cierta ingenuidad idealista, que en el barrio es donde se construye el poder popular y la futura transformación de la realidad. Ella, como sus compañeros, no hablaba de revolución,  tenía aspiraciones más humildes. A veces hablaba de “revolución cultural”, pero no creía en una revolución al estilo rusa o cubana.

   Ella quería que lo niños pobres sueñen y cooperen, pues esa combinación es la mejor forma de evitar que los chicos  tengan sueños egoístas; sueños de ascenso social, de convertirse en opresores que superaron la opresión con esfuerzo personal. El sueño de los oprimidos, para Anabela, debía ser colectivo.