Tenía catorce años, mi vieja me molestaba con que quería festejar mis
quince. A mí nunca me gustaron las fiestas de ese estilo y simplemente no la
quería. Creo que fue por complacerla nada más, por el brillo que mostraban sus
ojos cada vez que hablaba del tema. Y así fue, en menos de un mes, organizo la
fiesta. Pero puse condiciones. Desde pequeña siempre quise tocar la guitarra.
Al mirar videos en la televisión, lo único que hacía era imaginarme rockeando
en una banda de mujeres. La mayor inspiración me la dio Courtney Love. Recuerdo
ese día como si hubiera sido ayer. En 2004 VH1 estrenaban un video,
"Mono" se titulaba. El comienzo de la guitarra poderosa, una
Stratocaster -me dirían luego- negra. Esa era la guitarra que quería, ese
estilo de Punk Rock quería tocar, quería verme como ella.
Una semana antes de la fiesta, fuimos a un local de avellaneda a comprar
la guitarra. Quiero una Stratocaster, le dije al vendedor. Me señaló donde se
encontraban y lo único que hice fue elegir. La vi y me enamoré instantáneamente
de ella. Era azul, no era como ninguna de las guitarras de Courtney, pero la
quise igual. Luego, compramos el amplificador, los cables, la correa, la funda
y ya estaba.
Fui a mi casa, contenta de tenerla, pero había un pequeño detalle: no
sabía tocar. Pasaron los años y aprendí a tocar sola. En toda mi vida fui
solamente a una clase de guitarra. Recuerdo que el profesor me había retado
porque le pregunte si podía salir a fumar un cigarrillo. Éste me dijo que no,
que él también fumaba y se aguantaba las ganas. No estuvo mal lo que me dijo,
pero sí como lo dijo. La clase duró dos horas.
A la clase siguiente, el profesor entró fumando. Mi cara de indignación
lo dijo todo, pero no era suficiente. Le dije que era un "careta",
agarré la guitarra criolla que me habían prestado y me fui y no volví más.
Con el tiempo, y con los conocimientos que había adquirido sobre las
guitarras, me di cuenta que la que me había comprado era bastante pedorra. El
sonido era horrible, tanto como las guitarras de Discharge (sin ofender).
Mandé a calibrarla, le cambiaron las cuerdas, el Jack y le cambiaron los
clavijeros que -por cierto- se caían solos. Pero no me arrepentí de haberla
comprado. Repito, estaba enamorada de su figura. Hace dos años decidí ponerle
nombre. "Amanda" una figura conocida de una serie de películas que me
gustan mucho. Era indestructible y hermosa, el nombre era perfecto. A fines del
2009 tuve mi primer banda, éramos todas mujeres, tal como siempre había
querido, y tocábamos Punk Rock sin sentido, como siempre había querido.
Amanda se lucía en cada nota y todavía lo hace. Ella, después de muchos
años y cambios, sigue siendo y va a ser mi primer y última guitarra. La única
que quiero, y la única que voy a tener.
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