Una noche, tal como las otras, Jennifer bailaba al
ritmo de la música. Alzando las manos hacia arriba, sosteniendo un cigarrillo y
en la otra un trago. Era común que el alcohol invadiera su sangre.
En la mitad de la noche, apreció una mujer. Su
apariencia decía otra cosa, parecía un hombre. Su pelo corto rojizo brillaba,
llamando la atención de todos y todas. Jennifer se acercó, pues tenían un par
de amigos en común. El ritmo las acercaba, pero ella no sabía qué hacer. Estaba
ebria, sí, pero nunca había estado con una mujer.
Se acercaron lentamente y sin mediar palabras
comenzaron a besarse. Los amigos miraban sorprendidos, gritaban.
Al otro día no ocurrió nada. Pero algo había pasado.
Los recuerdos comenzaron a aparecer y esa chica de pelo rojizo había provocado
algo en Jennifer.
Quería verla otra vez, quería sentirla otra vez. Pero,
¿Cómo? se preguntaba, negando todo sentimiento.
Ese mismo día a la tarde, decide agregarla a su lista
de amigos. Las redes sociales, al parecer, estaban a favor de ella.
Comienzan a hablar, pero esta chica no recordaba nada
de lo sucedido esa noche. El corazón de Jennifer latía a una velocidad
increíble cada vez que le hablaba. Luego de semanas, arreglan para encontrarse.
Llamó desesperadamente a una amiga para que la
acompañase. Se encontraron en la peatonal de Quilmes. Los nervios la estaban
matando.
Llegó el momento, ahí estaba ella con una de sus
amigas. Fueron hacia ellas, las saludaron amablemente y comenzaron a caminar.
El silencio de la colorada provocaba una ambiente
inquietante, pero luego, cedió a la charla. Fueron a comprar alcohol a un
supermercado a unas cuadras de donde se encontraban y se acomodaron en el césped
de una plaza a tomar.
Jennifer no sabía qué hacer, no sabía cómo actuar. Sin
importar, comenzaron a beber y una vez más el alcohol invadía su sangre.
Pareciera que esto era lo único que lograba sacarle la timidez frente a esta
chica.
Luego, antes de despedirse se armó de valor y decidió,
siguiendo los consejos de su amiga, darle un beso. Pero ésta la esquivó
provocando desconcierto en Jennifer. ¿Había pasado? ¿Me había corrido la cara?
-pensaba-.
El mismo día a la noche, fue al bar - donde la mujer
trabajaba- a pedirle explicaciones. Pero ella evadía el tema. Eso había sido
todo. Regresó a su casa devastada. Eliminó todo contacto posible con ella y
lloró hasta quedarse sin lágrimas. Ese fue el fin, no volvió a saber de ella,
no porque no pudo, sino porque no quiso. No era la primera vez que se
enamoraba, pero si la primera mujer que le había robado el corazón.
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