Los diferentes tipos de relaciones conforman una institución la cual responde a los mismos requerimientos. En todas las relaciones, sean reconocidas por el estado o no, se llevan a cabo una serie de normas impuestas implícitas. Las cuales reproducen constantemente con su descendencia y con el juicio a sus pares. Responden a los intereses del estado, conformando un aparato de normalización, dominación, obediencia, y reproducción hegemónica.
En la vida domestica se llevan a cabo rigurosamente los estereotipos, impuestos para la vida en sociedad. Convirtiéndose, en deseos para realizarse individualmente o socialmente, pero que conducen a la enajenación.
Cuando las personas deciden llevar a cabo una relación basada en el “respeto y fidelidad “, están idealizando y obligando a su pareja a comportarse del mismo modo. Nos obligamos a amar solo a una persona pero ¿por qué forzar a nuestra pareja o a nosotras, a sentir lo mismo?, si el amor familiar, entre amigos o compañeros puede multiplicarse y llevarse a cabo sincrónicamente ¿por qué no, en estas relaciones? Reproducimos conductas que no nos satisfacen y obligamos a otros, mediante los pactos o acuerdos a acatar órdenes ajenas que quizás no respondan a nuestros o sus estímulos, pulsiones, necesidades o intereses.
Es un elemento de coacción y auto-represión que se lleva a cabo de a dos. Sacrificarse por el otro no significa engañarse a sí misma. Cuando una pareja se ama, se acepta como es, igual y libre.
“Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro; el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aun y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.”(Bakunin Mijail)
Pero cuando reproduce los estereotipos de amor (normas ilusorias e irrealizables) intenta cambiar a su pareja o idealizarla. Para que cuando se compare con una misma (también inmersa en una auto-represión absurda), se produzca esa igualdad de responsabilidades y obligaciones hipócrita. Creada supuestamente para no lastimarse. Pero que realmente lo único que produce es el engaño hacia el compañero y hacia una misma. Por esa razón, para cumplir con las pautas establecidas del amor, que una hace suyas, modifica su conducta y la de su par para cumplir con el estereotipo. Crea una relación para el afuera sin tener en cuenta los intereses reales de pareja, sin conocer a su compañero y sin conocerse a sí misma. Se inventa un cuento infantil para cumplir con las demandas sociales. Acepta el silencio impuesto de la “familia feliz”.
“Para el hombre, (…) el don de la mujer implica la posesión de dicha mujer, el derecho de dominarla, de apalear su libertad, la monopolización de su amor, la interdicción de amar a otro; el amor sirve de pretexto al hombre para legitimar su necesidad de dominio; esta falta de concepción del amor está de tal forma anclada entre los civilizados que no dudan en pagar con su libertad la posibilidad de destruir la libertad de la mujer que pretenden amar”. (Armand Emile)
La sociedad toda acata las normas del estado burgués. Estas normas se basan en la cosificación de las personas. En tenerlas en cuenta como su mercancía, su botín, su propiedad privada. En el caso de los hombres o mujeres con intereses de hombres, se trata de enajenar el cuerpo de su par. Esa es la base de la familia patriarcal. Una deja de ser para pertenecer a otro. Quien se reserva su uso exclusivo. Es objeto de placer, sin derecho a escoger. De allí surgen los celos. Tan inmersos en la competencia por lo material y económico que se desvaloriza todo valor individual mas allá de la posesión.
“Creen, los infelices, que la mujer no es ni debe ser soberana de su cuerpo, sino que su rol estriba en someterse a los caprichos del hombre, concretamente, pertenecer sola y exclusivamente a un solo hombre. No se dan cuenta que opinando y accionando así, su manera de proceder es la misma absolutamente que la de los partidarios del matrimonio legal, religioso o civil, siendo que la unión monógama y la familia “indestructible” son la base y el sostén de la Religión, del Estado y de la Propiedad Privada.”(Lancerda de Moura María)
Entre esas imposiciones del estado, también se encuentra el rol social que debemos cumplir las mujeres. Limitadas económica, política y socialmente nos adecuamos al sistema patriarcal, oprimidas siempre bajo el yugo de los hombres. Los condicionamientos laborales, educacionales, sociales, etc., llevan a muchas mujeres a desarrollar una vida basada en los conformismos, la obediencia, y la servidumbre. Pero cuando sus amos permiten cierto grado de reciprocidad, estas se vengan con la infidelidad. Esta es su única defensa contra la esclavitud domestica. “La opresión social es la expresión de la opresión económica.”(Sankara Thomas)
“La institución de la familia está basada en la ignorancia de la mujer, en el servilismo y la esclavitud femenina” (Lacerda de Moura María)
El orden familiar impuesto se lleva a cabo aun dentro de la crítica al propio sistema. El hombre oprimido encuentra a su sujeto (objeto) de opresión en las mujeres. Porque existe un paralelismo entre la explotación de clase y de mujeres. El sistema que lo provoca es el mismo, pero no se lo puede combatir sin antes llevar a cabo la emancipación verdadera de las mujeres. Estas realizan un doble trabajo el asalariado y el domestico. Lo que ha producido el capital es una separación entre el trabajo asalariado y el domestico. Por lo tanto, la creciente opresión de la mujer también se forja por su exclusión al trabajo asalariado. El capitalismo le niega participar de esta actividad porque necesita que esta reproduzca trabajadores asalariados. Extrayéndonos el doble de nuestra fuerza de trabajo, en la casa y en el ámbito laboral. Los trabajos tradicionalmente asignados son simples reproducciones de las actividades realizadas en la vida domestica (maestras, encargadas de limpieza, etc.).
“En la actualidad, el amor libre no puede o es muy difícil que desarrolle todas las condiciones en las cuales se desenvuelve la vida de la mujer. Exige, para llevar este acto a una feliz realización, que la emancipación económica de la mujer esté en las mismas condiciones que la del hombre y que ella no tenga, en general, que supeditarse a los caprichos de él. (…) ¿Somos amantes y defensores de la unión libre? Pues para que ésta se verifique sin trabas debemos poner a la mujer en condiciones económicas iguales a las que el hombre disfruta y el amor libre se impondrá por sí solo, puesto que es una tontería sin nombre que un individuo, hombre o mujer, se condene a vivir eternamente disgustado o en perpetua discordia con el compañero que le haya tocado en suerte.”(Boal Evelio)
Lo mismo sucede en las casas donde las mujeres deben cumplir su papel impuesto, ocuparse de los hijos y la vida domestica. Esto podría darnos las herramientas para construir una consciencia distinta en nuestros hijos, la cual no nos oprima, pero es una actividad que no llevamos a cabo. Nos encontramos tan alienadas, que reproducimos una conducta en contra de nuestros intereses. Cualquier contradicción ideológica o llevada a la práctica será juzgada, y rechazada por otras mujeres, con intereses de hombres. Cualquier atisbo de independencia será reprimida socialmente. Por lo tanto su emancipación estará condicionada por consentimiento social y económico.
Se nos prepara para mantener una conducta estructurada por el matrimonio, los hijos, y el sometimiento patriarcal. Desde pequeñas se nos educa para ocuparnos de labores domésticos, maternales, etc. Luego, para asumir la lógica de las relaciones patriarcales capitalistas. Aun cuando logramos desenvolvernos intelectualmente, a pesar de todas las indisposiciones, conformamos una consciencia en la cual solo llegamos a ser mujeres (o ser consideradas como tales) cuando tenemos un hijo o hija. No existe la posibilidad de desarrollarnos de otra manera, esa es la función social (impuesta) de la mujer.
“La mujer no quiere seguir siendo la productora de una raza de seres humanos enfermos, débiles, decrépitos y miserables, que no tienen ni la fuerza ni el valor moral de sacudirse el yugo de su pobreza y de su esclavitud. En lugar de ello, desea menos hijos y mejores, engendrados y criados con amor y por libre elección, y no por obligación como en el matrimonio.”(Goldman Emma)
Por lo tanto, nuestro concepto de amor no es tal. Sino un estereotipo basado en el comercio, esclavitud y cosificación de las personas. Es tiempo de replantear todo tipo de relaciones, y los roles que cumplimos en ellas para emanciparnos de una vez por todas de estas normas que no hacen más que atentar contra nuestra libertad. Démonos la oportunidad de aprendamos a conocernos y dejarnos llevar por nuestros deseos reales.
Derrotemos lo establecido y construyamos en todos los aspectos, un futuro de mujeres y hombres libres. Solo entonces las actitudes misóginas serán transformadas en odio consciente al sistema capitalista.
“Todo el armatoste opresivo del capitalismo defiende la monogamia en sus códigos sexuales porque sabe muy bien que solo el derrumbamiento de este puntal poderoso hará la verdadera Revolución. Pareja humana, propiedad privada, capitalismo. He aquí tres principios que se sostienen mutuamente”. (Poch Amparo Y Gascón)